
El título promete más de lo que da. Eso ya es una señal.
The Last Horror Movie arranca con un truco ingenioso: lo que parece el inicio de una película de terror de serie B se interrumpe de golpe cuando un tipo se planta ante la cámara y te dice, mirándote directamente a los ojos, que ha grabado encima del vídeo que alquilaste. A partir de ahí, lo que ves es su documental personal. Sus crímenes, su vida cotidiana, sus reflexiones. La idea tiene potencial. La ejecución tiene sus limitaciones.
Max Parry: el psicópata de los eventos sociales.-
Kevin Howarth, actor británico prácticamente desconocido fuera del género, compone a Max con una calma que resulta más inquietante que cualquier arrebato de violencia. Fotógrafo de bodas de día, asesino en serie el resto del tiempo, Max nos explica su mundo con la naturalidad de quien habla del tiempo. Formado en la Royal Shakespeare Company antes de llegar al cine de género, Howarth tiene la capacidad de resultar simpático y aterrador en la misma frase, que es exactamente lo que el personaje necesita.
La parte más interesante del guion es precisamente esa: mostrar que se puede llevar una vida aparentemente normal, con familia, amigos y trabajo, y ser al mismo tiempo un psicópata sin entrañas. Max no solo lo hace sino que lo justifica con una lógica retorcida que tiene su propio orden interno. No ha perdido la razón. Ha construido una razón diferente. Y eso, francamente, es más perturbador que cualquier monstruo con hacha.
El falso documental y sus límites.-
La película pertenece a la tradición del found footage y el falso documental que en Europa tiene uno de sus mejores referentes en la belga Man Bites Dog (1992), que explora el mismo territorio con mucha más contundencia. The Last Horror Movie llega once años después y no aporta demasiado a lo que ese género ya había establecido. Los diálogos de Max con el espectador tienen momentos genuinamente interesantes, cuando se adentra en territorios psicológicos que te hacen pensar, pero se alargan más de lo necesario y la película pierde ritmo en el tramo central.
Para quien quiera explorar la psique del asesino en el cine con más profundidad, American Psycho lo hace con más estilo y presupuesto, y películas como Henry: Retrato de un Asesino o Ed Gein van más al hueso, nunca mejor dicho. Esta se queda en un término medio que no acaba de satisfacer ni al fan del género ni al espectador que busca algo más cerebral.

El giro final y la nota de color personal.-
Hay un giro al final que puntúa y que le da a la película una dimensión metacinematográfica que merece reconocimiento. No lo desvelo, pero tiene que ver con el propio espectador y con la pregunta de hasta qué punto estás dispuesto a seguir mirando. Es el mejor momento del film y llega demasiado tarde.
Un detalle personal que no tiene nada que ver con la calidad de la película pero que me resultó curioso: todo está grabado con cámaras de vídeo analógicas de la época y hay incluso escenas familiares en super 8 proyectadas sobre una pantalla. Para quien trabaja con digitalización de material antiguo, hay algo de reconocimiento involuntario en esas imágenes. El soporte da autenticidad, eso hay que reconocerlo.

Entretenida si te gustan las hamburguesas humanas. Poco más.
¿Cuál es para ti la mejor película que se mete dentro de la cabeza de un asesino en serie? ¿Dónde está el límite entre el cine que te hace pensar y el que solo busca incomodar? Los comentarios son tuyos.
Valoración #JaviFlim: 4,0

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