
Hay series que te entretienen. Hay series que te enganchan. Y hay series que, cuando terminas el último episodio, te quedas un rato mirando la pantalla en negro porque lo que acabas de ver ha removido algo que preferías tener quieto. La Maldición de Hill House pertenece a esta última categoría, y no lo digo como halago fácil sino como advertencia: si buscas sustos de feria y monstruos saltando desde las esquinas, mira otra cosa. Si estás dispuesto a que una serie te hable de ti, de tu familia y de las cicatrices que todos arrastramos sin reconocerlas, siéntate y no te muevas.

_01.jpg)



