Aviso para navegantes: esto no es una película de tetas. Haberlas haylas, pero si buscas eso te has equivocado de reseña y de película. Esto es un drama con momentos de humor sobre algo que debería avergonzar a cualquier sociedad que se precie de llamarse civilizada: que en 2014, en el país que más pornografía produce en el mundo, fuera un delito enseñar un pezón femenino en la calle.
Lina Esco: actriz, directora y activista con las ideas muy claras.-
Lina Esco nació en 1985, creció en Estados Unidos y un día su mejor amiga fue expulsada de una iglesia porque su madre la estaba amamantando. Ese día algo se rompió en su cabeza de manera productiva. Años después dirigió, produjo y protagonizó esta película con los medios que tenía, que eran pocos, y el convencimiento que necesitaba, que era mucho. El resultado es una película imperfecta, irregular, rodada con lo que había, pero que tiene algo que el cine con cien veces más presupuesto no siempre consigue: tiene razón.
El movimiento Free the Nipple que Esco puso en marcha tuvo el apoyo de nombres como Miley Cyrus, Rihanna o Cara Delevingne, lo que le dio visibilidad mediática pero también la etiqueta de causa de celebridades con la que muchos intentaron descartarla. Error. La pregunta que hace la película es tan simple y tan incómoda que no cabe en un titular fácil: ¿por qué puede un hombre ir sin camiseta por la calle y una mujer no? ¿Y por qué el sistema que prohíbe eso permite sin pestañear las imágenes de violencia más explícita?
La hipocresía del sistema como argumento principal.-
La película me toca directamente, y no me importa reconocerlo. Como fotógrafo de mujeres he vivido en mis propias carnes exactamente lo que denuncia este film. He tenido problemas en redes sociales con mi trabajo porque los algoritmos, esos guardianes del pensamiento correcto programados por alguien, solo ven sexualización donde yo veo arte. He tenido que andar con pies de plomo, he sufrido shadow-banning, he visto publicaciones que desaparecen sin explicación. Y al final dejé de publicar en Facebook porque me censuraron tantas veces que decidí que no merecía mi esfuerzo ni mi tiempo.

Lo que me resulta inaudito, y lo digo con toda la tranquilidad del mundo, es la jerarquía de valores que hay detrás de esa censura. Un tipo pegando puñetazos a otro, imágenes de guerra, atropellos, cadáveres: todo eso pasa sin problemas, pero un pezón femenino, no. La excusa es siempre la misma: hay que proteger a los menores. ¿De qué? ¿Del arte? ¿De la belleza? ¿De aquello que les dio de comer de bebés? O sea que los menores están preparados para ver a alguien matar a otro pero no para ver un pezón. Esto no es protección. Es una elección ideológica disfrazada de moralidad.
Viví en Estados Unidos hace años. El país que más pornografía produce en el mundo y en el que hacer topless es ilegal en la mayoría de los estados. Durante el tiempo que estuve allí, en unos pocos metros de Miami Beach se permitió el topless durante un período. El resultado fue que todo el mundo se concentraba en esos metros y el resto de la playa quedaba casi vacía. Hipocresía en estado puro, sí. Pero también algo más: la prueba de que la prohibición crea el morbo, no la libertad.

La película como objeto cinematográfico.-
Dicho todo lo anterior, la película tiene sus limitaciones y sería deshonesto ignorarlas. El presupuesto era mínimo y se nota. Hay momentos donde el guion flaquea, el ritmo se resiente y la narrativa pierde el hilo entre la comedia y el drama. Yo la veo más como drama con momentos de humor que como comedia dramática, que es como la catalogan "los expertos", porque el peso emocional de lo que cuenta supera con creces los momentos ligeros.
Lo que sí funciona es la autenticidad. Hay algo en las escenas rodadas en las calles de Nueva York, con activistas reales mezcladas con el equipo de ficción, que le da a la película una textura documental que ningún presupuesto puede comprar. Y Esco, delante y detrás de la cámara, tiene una convicción que se transmite.
El dato más elocuente de todos: la película recaudó 4.198 dólares en taquilla. Cuatro mil ciento noventa y ocho dólares. No es un error tipográfico. Así trata el sistema a quien le incomoda: ignorándolo. Como en V de Vendetta, el poder más eficaz no es el que te persigue sino el que te hace invisible.

Doce años después: más censura, no menos.-
La realidad es que poco ha cambiado desde 2014 y si ha cambiado algo, ha sido a peor gracias a la "plandemia". Las redes sociales tienen más algoritmos, más filtros, más censura automatizada. Instagram sigue borrando pezones femeninos mientras permite contenidos de violencia explícita. Facebook lleva años siendo un instrumento de control del discurso disfrazado de red social. Black Mirror lo predijo con más precisión de la que nadie quería reconocer, y Están Vivos de Carpenter nos contó en 1988 cómo funciona el mecanismo. Seguimos sin ponernos las gafas.
Free the Nipple es una película imperfecta sobre una causa perfectamente legítima. Y el hecho de que todavía sea necesario hablar de esto en 2026 dice más sobre nosotros como sociedad que sobre la película.
¿Dónde está para ti la línea entre censura necesaria y control ideológico disfrazado de moralidad? ¿Y crees que el activismo cultural a través del cine tiene algún efecto real o el sistema lo absorbe y lo neutraliza? Los comentarios son tuyos.
Valoración #JaviFlim: 5,5

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