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jueves, 20 de noviembre de 2025

ANON: Cuando el anonimato se convierte en el mayor crimen

Anon (2018)

Imagina que cada vez que miras a alguien, ves flotando sobre su cabeza su nombre completo, dirección, historial laboral, likes en redes sociales, últimas compras. Ahora imagina que esa persona ve exactamente lo mismo sobre ti. Y que todo eso queda grabado. Para siempre. Sin opción a olvidar, sin derecho al anonimato. Bienvenido al mundo de Anon, y bienvenido, de paso, al futuro que nos están construyendo mientras discutimos sobre otras cosas.

Andrew Niccol —el mismo que nos regaló Gattaca hace más de dos décadas— vuelve a la ciencia ficción distópica con una película que, seamos honestos, no va a ganar ningún Oscar. Cinematográficamente hablando, se queda en un aprobado raspado: correcta, funcional, sin alardes. Pero hay algo en ella que te deja intranquilo, como cuando sabes que algo malo va a pasar y todos los demás siguen en la fiesta. El mensaje no es futuro lejano, es presente incómodo. Y eso, amigos, vale más que mil piruetas de cámara.

El éter donde todos nadamos.-


La premisa es brutal en su sencillez: todo el mundo lleva implantes oculares que registran cada segundo de lo que ves. Tu vida entera, archivada. Cada persona con la que te cruzas, cada lugar que visitas, cada mirada que echas, almacenado en "el éter" —así llaman al mundo digital donde tu identidad ya no es tuya—. El sistema lo vende como siempre: seguridad. Sin privacidad no hay crimen. Suena razonable hasta que lo piensas treinta milisegundos.

Anon (2018)

Porque hay una frase en la película, pronunciada por un alto cargo del sistema, que destroza toda la fachada: "No podemos controlar lo que no vemos". Ahí está todo. No se trata de protegerte, nunca se ha tratado de eso. Se trata de controlarte. Y lo peor es que quien lo dice no parece un villano de opereta, parece un burócrata convencido de estar haciendo lo correcto. Esa es la verdadera pesadilla: la tiranía con sonrisa de funcionario eficiente.

Clive Owen —que parece tener un contrato vitalicio con los thrillers tensos y paranoicos desde Children of Men, pasando por The International hasta esto— interpreta a un detective que investiga asesinatos en este mundo felizmente vigilado. Todo va bien hasta que se cruza con una mujer que rompe el sistema: no aparece en ningún registro, no tiene identidad digital, es un fantasma. Amanda Seyfried es "Anon", y es exactamente lo que su nombre indica: anónima. Invisible. Libre.


China llamó: quiere recuperar su distopía.-


Si crees que esto es exageración de guionista fumado, déjame contarte sobre China. No hace falta inventar mundos de ciencia ficción cuando la realidad ya superó a Orwell hace tiempo. El sistema de crédito social chino existe, funciona, y es exactamente lo que ves en Anon pero con salsa agridulce.

Millones de cámaras con reconocimiento facial vigilando calles. Millones de ciudadanos a los que se les ha bloqueado la compra de billetes de tren o avión por baja puntuación social. Listas negras públicas que te cierran el acceso a empleos, universidades, créditos. Te penalizan por cruzar en rojo, por criticar al gobierno en redes, por pasear al perro sin correa. Y sus gigantes tecnológicos colaboran encantados, recopilando cada dato que generas: qué compras, a quién pagas, qué comentas.

Anon (2018) Sistema de Crédito Social

Tu comportamiento determina tu puntuación. Tu puntuación determina tu vida. Y todo con la excusa de crear una "sociedad armoniosa". ¿Te suena el argumento? Debería. Porque es el mismo que usaron con los pasaportes covid, el mismo que están usando con la identificación digital, el mismo que usarán con las monedas digitales de bancos centrales. Siempre el mismo: tu seguridad, tu bien, tu protección. Nunca su control.

Anon se estrenó en 2018. Dos años antes del gran experimento global. Ahora, después de haber vivido certificados digitales para "ser libres", después de ver cuentas bancarias congeladas a manifestantes, la película ya no parece advertencia. Parece spoiler.

Una hacker con alma (analógica).-


Lo que me enamoró de esta película no fue el thriller —que funciona sin brillar—, sino Anon misma. Porque no es la típica hacker antisistema que vive en un sótano lleno de pantallas. Es una sibarita de lo analógico: adora los libros físicos, los vinilos, los objetos que tienen alma precisamente porque no están conectados a ninguna red. No reportan tus gustos a ningún servidor, no te rastrean, no te venden.

Anon (2018)

Y aquí hay un matiz importante que mucha gente confunde: adorar la tecnología analógica —un tocadiscos, un amplificador de válvulas, el cine en 16mm— no es lo mismo que defender el dinero en efectivo, aunque ambos sean analógicos. Lo primero te da libertad creativa y sensorial. Lo segundo te da libertad económica. Y cuando eliminen el efectivo, podrán bloquearte por pensar diferente. No podrías comprar ese tocadiscos que amas si tu puntuación social es baja. ¿Captás la diferencia?

Anon ha conseguido lo imposible en su mundo: ser invisible. Y cuando el detective le pregunta por qué está tan desesperada por ocultar su identidad, su respuesta es perfecta: "No es porque tenga algo que ocultar. Simplemente no quiero compartir mi identidad con el mundo".

Ahí está todo el dilema del siglo XXI resumido en una frase.

Anon (2018)

El anonimato como acto revolucionario.-


"El anonimato es el enemigo", proclama el sistema en la película. Lo repiten tanto que casi te lo crees. Al fin y al cabo, ¿no es verdad que solo los criminales necesitan esconderse? Si no tienes nada que ocultar, ¿qué te importa que te vigilen?

Ese es el argumento favorito de los que quieren controlarte: confundir privacidad con culpabilidad, secreto con delito. Pero la privacidad no es para los que tienen algo que ocultar. La privacidad es para los que tienen algo que proteger: dignidad, intimidad, pensamientos sin censura, errores sin registro eterno. La privacidad es lo que nos permite ser humanos complejos, contradictorios, imperfectos.

"Si necesitas un carnet para poder ser libre, es que no lo eres". Escribí esa frase mientras veía la película, y cada día me parece más cierta. Nos venden cadenas doradas llamándolas libertad. Y funciona. Funciona porque la mayoría prefiere la comodidad de la seguridad vigilada al riesgo de la libertad real.

Hay un detalle visual que me fascinó: cuando el sistema busca información en el éter, aparece la espiral áurea, la secuencia de Fibonacci. No es casual. Es propaganda estética. Asocian la belleza matemática del universo con el control total. "Mira qué hermoso es esto", parecen decirnos. Y nuestro cerebro, ingenuo, asocia belleza con bondad. Es manipulación sofisticada envuelta en matemáticas elegantes.

Anon (2018)

El entretenimiento como vehículo (y no es casualidad).-


No es casualidad que estas películas existan. El cine, las series, el entretenimiento en general, son el vehículo perfecto para normalizar futuros que de otra forma rechazaríamos. No nos imponen las ideas directamente, nos las muestran en pantalla hasta que nos resultan familiares. Primero en la ficción, luego en la realidad. Y cuando llegan, ya no nos sorprenden. Ya las hemos visto, ya las hemos procesado, ya son parte de nuestro imaginario colectivo.

¿Cuántas veces hemos visto en pantalla sociedades donde la vigilancia total es normal? ¿Cuántas veces nos han mostrado sistemas de identificación universal? ¿Cuántas veces hemos aceptado en la ficción lo que en la realidad nos rebelaría?

Anon hace algo interesante: te hace simpatizar con la resistencia. Pero no con esa simpatía cómoda de "qué valientes son estos personajes ficticios mientras yo veo esto desde mi sofá". No. Te hace preguntarte: ¿Y yo? ¿Dónde está mi línea roja? ¿Qué estoy dispuesto a sacrificar?

Anon (2018)

Una película correcta con un mensaje urgente.-


Como thriller, Anon funciona bien. La tensión está bien medida, los giros son efectivos, y Owen hace lo que mejor sabe: interpretar a tipos cansados atrapados en sistemas que no controlan. Niccol dirige con eficiencia y claridad, sin alardes innecesarios. La fotografía es fría, digital, antiséptica, perfecta para el mundo que retrata. Es cine competente que cumple su función.

No esperes un Blade Runner. No esperes un Minority Report. Es más modesta en sus ambiciones visuales. Y sin embargo, su mensaje es más urgente que el de muchas obras maestras técnicas. Porque Blade Runner nos hablaba de un futuro posible. Anon nos habla del presente que ya estamos construyendo.

La película muestra este mundo sin privacidad como algo inevitable, casi deseable. Incluye ese "primado negativo" tan típico de la propaganda inteligente: "mira las ventajas, mira lo bueno". Menos crimen, más eficiencia, todo registrado. Y sí, tiene ventajas. El problema es el precio: tu alma, tu libertad, tu derecho a equivocarte en privado.

Anon (2018)

Lo que no te dicen (pero deberías saber).-


Cada crisis —y esto es un patrón observable, no una teoría— se usa para avanzar un poco más en la dirección del control. Lo vimos con el 11-S y la Patriot Act. Lo vimos con el covid y los certificados digitales. Lo estamos viendo ahora con la "necesidad" de regular internet, de verificar identidades, de eliminar el efectivo "porque solo lo usan criminales".

Y lo aceptamos. La mayoría lo acepta sin rechistar. Algunos lo celebran. "Es por el bien común", dicen. Y ahí está la trampa más vieja del mundo: el bien común siempre, SIEMPRE, se usa para justificar la opresión individual.

La película no es perfecta. Le sobra metraje en algunos momentos, le falta algo de profundidad emocional en otros. Pero cumple una función más importante que entretener: despierta. O al menos, debería hacerte despertar. Porque lo que muestra no es ciencia ficción, es observación de tendencias actuales proyectadas cinco años hacia delante.

Amanda Seyfried - Retratos Dibujados de Javier
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Mi valoración: Como película, aprueba. Como documento de nuestro tiempo, un sobresaliente. No la mires esperando una obra maestra cinematográfica. Mírala como lo que es: un espejo incómodo que refleja lo que estamos a punto de convertirnos.

Si mañana te dijeran que para seguir trabajando, viajando, existiendo, necesitas renunciar a tu privacidad por completo —registrar cada paso, cada compra, cada conversación—, ¿dónde estaría tu línea roja? ¿Qué estarías dispuesto a perder para mantener un pedazo de libertad real? ¿O ya has decidido que prefieres la comodidad de la jaula dorada? Anon decidió. ¿Y tú?


Valoración #JaviFlim: 6,5


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