
Parece que estoy en racha con las películas "raras". Justo después de ver y comentar "Under The Skin" (que no me convenció en absoluto) me he topado con esta El Mundo Resplandeciente, y debo confesar que, a pesar de sus imperfecciones, me ha atrapado. No sé si por proximidad temporal o porque busco deliberadamente lo diferente, pero hay algo en esta propuesta que me ha tocado de forma inesperada.
Elegí esta película porque toca el tema del suicidio desde una perspectiva cinematográfica de suspense y terror psicológico, y el tema me importa. De hecho, Trato de ayudar colaborando en una asociación dedicada a la prevención del suicidio, así que no es un asunto baladí para mí ni del que pueda hablar con frivolidad. Por eso necesitaba ver cómo Carlson Young —directora debutante y protagonista— abordaba algo tan delicado envuelto en fantasía onírica.

La premisa es la siguiente: Margaret (curiosos nombre y luego verás por qué), con seis años, ve cómo su hermana gemela muere ahogada mientras sus padres tienen una discusión violenta. Ese trauma la acompaña hasta la edad adulta, donde se desliza cada vez más hacia la locura. En ese descenso, aparece un ente extraño —interpretado por Udo Kier, porque claro, ¿quién más podría encarnar a un ser inquietante que te invita a cruzar un portal circular que parece un túnel al infierno?— que la empuja hacia un viaje interior en busca de respuestas, perdón o liberación.
Videoarte, delirios lynchianos y una puerta al abismo.-
Si "Under The Skin" me resultó pretenciosa en su búsqueda de la extrañeza, El Mundo Resplandeciente intenta algo más interesante, aunque no siempre lo consigue: construir un lenguaje visual que comunique un estado mental. Es cine onírico entre el videoclip musical, los delirios de David Lynch en Twin Peaks y una escape room psicológica donde cada habitación representa una capa más profunda del trauma. El problema es que, con demasiada frecuencia, el espectáculo visual aplasta el subtexto emocional.
Carlson Young debuta como directora con una propuesta ambiciosa. En 2018 hizo un cortometraje sobre el mismo tema que dio pie a esta película (aún no lo he visto, pero lo buscaré porque quiero profundizar más en el mensaje), y se nota que ha estado rumiando este material durante tiempo. Hay momentos de verdadera coherencia visual y emocional, pero también largos tramos donde la película se pierde en su propia búsqueda de belleza, olvidando que lo importante es lo que está contando, no cómo luce al contarlo.
Udo Kier, como siempre, adorna con su talento perturbador muchas escenas. Su presencia es suficiente para crear incomodidad, y aquí funciona como ese guía siniestro que no sabes si te está salvando o empujando más cerca del precipicio.

Margaret Cavendish y la primera ciencia ficción escrita por una mujer.-
Aquí viene un dato que me parece muy interesante: la película es una interpretación MUY libre de una novela de 1666 escrita por Margaret Cavendish, The Blazing World. Y aunque no es la primera novela de ciencia ficción de la historia —ese honor corresponde a Historia Verdadera de Luciano de Samósata, del siglo II d.C.—, sí es considerada la primera novela de ciencia ficción escrita y publicada por una mujer, y una de las primeras obras de ciencia ficción utópica.
Que una cineasta contemporánea llamada Carlson Young rescate el trabajo de una visionaria del siglo XVII para hablar sobre trauma, locura y supervivencia me parece un gesto poderoso. Lástima que esa conexión histórica se quede en lo anecdótico y no profundice en el diálogo intergeneracional que podría haber entre ambas mujeres explorando mundos alternativos.
Un viaje interior: cuando decides morir, la vida te provoca.-
Y aquí llegamos al núcleo de lo que esta película, con todos sus defectos, me ha hecho sentir.
No voy a decir si Margaret cruza o no cruza definitivamente ese portal, si el viaje la salva o la condena. Pero lo que sí puedo decir es que la película plantea algo inquietante: cuando decides quitarte la vida, ¿qué ocurre en ese último instante? ¿ves pasar toda tu existencia por delante? Dicen que hay un momento de claridad absoluta. Dicen muchas cosas...
El Mundo Resplandeciente propone que ese momento no es pasivo. No es un resumen de lo vivido. Es una provocación. La vida misma —o tu inconsciente, o lo que quede de tu voluntad de supervivencia— te enfrenta a tus demonios para obligarte a decidir: ¿realmente quieres rendirte o todavía hay algo por lo que luchar?

Margaret recorre ese mundo resplandeciente (que en realidad es oscuro, retorcido, hermoso y aterrador) confrontando el dolor, la culpa, la rabia. Y en cada habitación de esa escape room emocional, debe tomar una decisión. Hay tratamientos de psicología donde, simbólicamente, debes "matar" a tu padre para perdonarlo, y ese perdón arregla el futuro. La película juega con esa misma lógica: enfrentar lo insoportable para poder liberarte de ello.
El suicidio está ahí como alternativa. Siempre presente, como una puerta abierta en cada escena, pero la película no romantiza esa salida ni la condena moralmente. Simplemente muestra que un buen viaje valorando lo que tienes, por doloroso que sea ese inventario, podría ser mejor que regodearte en el sufrimiento de la pérdida. El problema es que ese mensaje se diluye entre tanta pirotecnia visual.
Cuando la forma traiciona el fondo.-
Aquí viene lo que no quiero ignorar: esta película tiene un problema serio de autoindulgencia. Carlson Young está tan enamorada de su estética —y es innegablemente bella— que se olvida de que la belleza sin sustancia es decoración. Hay escenas enteras que parecen más preocupadas por el encuadre perfecto, por el color saturado, por la composición artística, que por comunicar algo profundo.

Algunos la han tachado de perderse en simbolismos tan explícitos que pierden toda su fuerza. Y creo que tienen razón. Cuando tienes que ver literalmente cada metáfora representada con efectos visuales, cuando cada concepto abstracto se materializa en una imagen bonita, algo se pierde. El terror psicológico funciona mejor en la sugerencia, en lo que no ves, en lo que intuyes. Aquí todo está tan expuesto, tan exhibido, que termina siendo menos inquietante de lo que debería.
Entiendo que para contar esta historia desde dentro —y Carlson Young claramente está contando algo personal— necesitas cierta armadura visual. Es su forma de soportar el peso de lo que está narrando. Pero esa armadura es tan gruesa que a veces no deja pasar la emoción real.

Un producto diferente que merece atención .-
A pesar de todo lo anterior, El Mundo Resplandeciente me ha gustado. No como hacerle una mascletá, pero sí lo suficiente como para valorarla. Me ha gustado precisamente porque se atreve a ser diferente, aunque no siempre tenga las herramientas para sostener esa diferencia.
En un panorama cinematográfico donde el terror psicológico suele caer en los mismos tópicos, esta película propone algo más arriesgado: usar la fantasía onírica para hablar de algo tan humano y doloroso como el deseo de desaparecer. La ejecución es irregular, la estética a menudo eclipsa el mensaje, y la narrativa se pierde en su propio laberinto visual. Pero el intento, la valentía de abordar este tema desde este ángulo, eso sí lo valoro.

No es una película fácil. Seguramente no es para todos y, francamente, no es tan buena como quisiera que fuera, pero si valoras el riesgo creativo aunque no siempre funcione, si te interesan las propuestas que desafían la narrativa convencional incluso cuando tropiezan en el intento, y sobre todo, si has sentido alguna vez ese vacío que Margaret arrastra desde los seis años, creo que esta película puede tocarte de formas inesperadas.
Habrá que seguirle la pista a Carlson Young en sus próximas películas. Tiene algo que decir, aunque todavía está aprendiendo cómo decirlo sin ahogarlo en belleza vacía. Su voz es lo suficientemente singular como para prestarle atención, esperando que en su próximo trabajo encuentre el equilibrio entre lo que muestra y lo que dice. Además, aunque no la conozco y me gustaría, me cae bien.
¿Alguna vez has sentido que tu vida te estaba provocando para obligarte a tomar una decisión? ¿Crees que el dolor extremo puede ser una puerta hacia algo mejor o simplemente es... dolor que hay que soportar? Déjamelo en los comentarios. Me interesa saber qué piensas.
Valoración #JaviFlim: 6,0

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