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jueves, 29 de enero de 2026

OVNI: No Estamos Solos - Cuando las matemáticas susurran verdades que nadie quiere escuchar

Póster de OVNI No estamos solos con los tres protagonistas: Alex Sharp, Gillian Anderson y David Strathairn

Una película sobre fe disfrazada de ciencia ficción.-


Derek es un obseso. De esos que no duermen, que sacrifican su vida social, sus exámenes finales, su futuro inmediato, todo por perseguir una verdad que vio de niño y que el mundo decidió que nunca existió. Y aquí está el quid de la cuestión: esta no es una película sobre extraterrestres. Es una película sobre creer cuando nadie más lo hace.

Después de un extraño avistamiento en el aeropuerto de Cincinnati, Derek utiliza todos los recursos a su alcance —matemáticas avanzadas, física, astronomía, programación, la deep web— para hacer sus propias investigaciones. No espera que las instituciones le den respuestas. Las busca él mismo. Y en ese acto de rebeldía intelectual hay algo profundamente humano que la mayoría de películas de ovnis olvidan: la soledad del que ve lo que otros no pueden o no quieren ver.


El lenguaje universal (que tal vez no sea tan universal).-


La premisa central gira en torno a usar las matemáticas como lenguaje de comunicación con una posible civilización alienígena. Es el mismo principio que aplicamos en 1974 con el mensaje de Arecibo: un telegrama cósmico enviado hacia el cúmulo globular M13, a 25.000 años luz de distancia, que contenía información sobre nuestro sistema solar, nuestro ADN y la población humana, todo codificado en números binarios.

¿La idea? Que las matemáticas son la única verdad absoluta del universo. Dos más dos son cuatro aquí, en Andrómeda y en cualquier rincón del cosmos donde exista consciencia capaz de contar. O eso creemos.

En la película se introduce la Constante de Estructura Fina, también conocida como alfa (α ≈ 1/137), un número adimensional que describe la fuerza de la interacción electromagnética entre partículas cargadas. Lo fascinante de esta constante es que no tiene unidades: no depende de si mides en metros, pies o años luz. Es pura relación matemática. Por eso los físicos la consideran una de las constantes fundamentales del universo, algo que cualquier civilización tecnológicamente avanzada debería conocer.

Derek en una escena de OVNI No estamos solos

Aquí viene mi objeción filosófica, que Derek nunca se plantea: ¿son realmente las matemáticas universales, o son simplemente la forma en que NUESTRA cognición humana interpreta la realidad? Como argumentaban Lakoff y Núñez, nuestras matemáticas nacen de nuestra experiencia física: el concepto de "cantidad" emerge de manipular objetos, la geometría de movernos en el espacio. Una civilización que perciba la realidad de forma radicalmente distinta podría tener una "matemática" completamente ajena a la nuestra, tan incomprensible para nosotros como la nuestra para ellos.

Es el mismo problema que ya exploraba Contact (1997) o más recientemente La Llegada (2016): cuando intentamos comunicarnos con lo radicalmente otro, ¿cuánto de lo que interpretamos es real y cuánto es proyección de nuestros propios marcos mentales?

La Dra. Hendricks trabajando en su ordenador investigando el caso OVNI

Gillian Anderson y el fantasma de Scully.-


Hay que hablar del elefante en la habitación: Gillian Anderson está aquí, interpretando a la Dra. Hendricks, profesora de matemáticas avanzadas de Derek. Y sí, es imposible no pensar en Scully de Expediente X. Su personaje tiene esa misma mezcla de escepticismo científico y apertura mental que definió a la agente del FBI durante todas las temporadas de la serie y dos películas.

Pero seamos honestos: es un papel secundario. Anderson aporta credibilidad y peso dramático cada vez que aparece en pantalla, pero la película no es suya. Es de Derek y su obsesión. Hendricks funciona como el puente entre el mundo académico racional y la posibilidad de lo extraordinario, pero su desarrollo es mínimo. Es una pena, porque Anderson tiene la capacidad de transmitir con una mirada lo que otros actores necesitan tres páginas de diálogo para expresar.

Su presencia es más un guiño nostálgico que un elemento narrativo fundamental. Y está bien. A veces basta con saber que Scully sigue ahí, en algún lugar, todavía preguntándose si la verdad está ahí fuera.

Derek y la Dra. Hendricks caminando por los pasillos de la universidad

Más allá de los extraterrestres: orgullo y perseverancia.-


La película funciona en dos niveles. En la superficie, es un thriller de ciencia ficción sobre avistamientos y conspiraciones gubernamentales. Pero en el fondo, es un alegato sobre ser fiel a tus convicciones incluso cuando el mundo entero te dice que estás loco.

Derek sacrifica su carrera académica, decepciona a su novia, es perseguido por el FBI, todo por seguir una intuición que nació cuando era niño. Y aquí está el verdadero tema: los personajes únicos de la Historia lo son por ser fieles a sus ideales y pensamientos. Galileo defendiendo el heliocentrismo. Giordano Bruno quemado en la hoguera por sus ideas sobre el infinito. Turing descifrando Enigma cuando todos pensaban que era imposible.

La película podría interpretarse como una llamada al orgullo intelectual y a la perseverancia. No el orgullo arrogante, sino el orgullo de decir "yo vi esto, yo lo sé, y no voy a dejar que me convenzan de que estoy equivocado solo porque es incómodo para el sistema". En ese sentido, tiene más que ver con la filosofía que con las propias matemáticas.

David Strathairn como el agente especial del FBI Franklin Ahls

La jaula cósmica: nuestra insignificancia inevitable.-


Aquí entra mi reflexión personal, que llevo tiempo desarrollando y que esta película cristaliza sin querer. Los descubrimientos del Telescopio James Webb están revolucionando nuestra comprensión del universo. Galaxias formándose apenas 300 millones de años después del Big Bang. Exoplanetas con atmósferas potencialmente habitables. Estructuras cósmicas tan inmensas que desafían nuestros modelos de formación galáctica.

Y sin embargo, estamos atrapados.

A no ser que descubramos alguna manera de viajar más rápido que la luz —algo que la física actual considera imposible—, o que encontremos algún atajo a través del espacio-tiempo tipo agujeros de gusano —algo puramente especulativo—, solo podremos observar el universo. Viajar más allá de nuestro vecindario cercano está completamente fuera de nuestras posibilidades. No es cuestión de mejorar los sistemas de propulsión. Es cuestión de escala.

Galaxia Fantasma por el Telescopio James Webb
Galaxia Fantasma tomada por el James Webb (crédito: ESA/Webb, NASA & CSA, J. Lee and the PHANGS-JWST Team)

Incluso si pudiéramos viajar al 10% de la velocidad de la luz —tecnología que ni siquiera sabemos si es físicamente posible—, llegar a Próxima Centauri, la estrella más cercana, nos llevaría 42 años. Alcanzar el centro de la galaxia, unos 260.000 años. Y eso viajando a velocidades que hacen que todo nuestro conocimiento actual de propulsión parezca juguetes de niños.

Estamos explicando el universo desde dentro, con las limitaciones brutales que eso implica. Es como si un pez intentara comprender el océano sin poder salir nunca del agua. Podemos teorizar, podemos especular, podemos construir modelos matemáticos cada vez más sofisticados, pero siempre serán interpretaciones filtradas por nuestra posición prisionera en el espacio-tiempo.

Esto no tiene que ver directamente con la película, pero muestra mi perspectiva del asunto: la perseverancia de Derek no va a cambiar nuestra jaula cósmica. Pero genera conocimiento. Y ese conocimiento, aunque no nos lleve físicamente a las estrellas, nos acerca conceptualmente a entender nuestro lugar en el cosmos. O al menos, nos ayuda a formular mejores preguntas.

Alex Sharp como Derek mirando por la ventana del aeropuerto en OVNI No estamos solos

Lo que funciona (y lo que no).-


Seamos justos: el guion tiene huecos. Algunas cosas no quedan bien explicadas. Hay saltos lógicos que requieren fe ciega del espectador. Y si no tienes nociones de matemáticas, física o astronomía, parte de la trama se te va a escapar como arena entre los dedos.

Pero la película es corta (88 minutos, algo siempre de agradecer) y es conceptual, no efectista. No hay platillos volantes surcando los cielos. No hay alienígenas con tentáculos. No hay batallas espaciales ni explosiones innecesarias. Es cerebral, intimista, casi claustrofóbica en su enfoque en la mente de Derek.

Para algunos espectadores, eso será una decepción. Esperaban Independence Day y se encontraron con algo más cercano a Coherence o Predestination: ciencia ficción que usa el género como vehículo para explorar ideas, no para entretener con espectáculo.

La he disfrutado desde la perspectiva del friki que siempre he sido. Las grandes preguntas —o más bien, la búsqueda de respuestas— siempre me han acompañado. ¿Estamos solos? ¿Importa que estemos solos? ¿Vale la pena buscar si sabemos que probablemente nunca encontraremos?

Gillian Anderson como la Dra. Hendricks en una escena de OVNI No estamos solos

El acto de creer.-


Al final, esta película no es sobre si existen los extraterrestres. Es sobre el acto de creer en algo más grande que nosotros mismos, incluso cuando todas las evidencias apuntan a que somos una anomalía estadística en un universo indiferente.

Derek cree, contra la opinión de sus profesores, contra el FBI, contra su propia novia, contra el sentido común... Y esa fe —porque al final es fe, no ciencia— es lo que lo define como personaje. No importa si tiene razón o no. Importa que no renuncia a su verdad.

Eso es lo que la película deja flotando en el aire cuando acaban los créditos: ¿qué estamos dispuestos a sacrificar por defender lo que sabemos que vimos, aunque nadie más lo crea? ¿Cuánta soledad podemos soportar antes de renunciar a nuestra propia percepción de la realidad?

Más allá de la teoría de cuerdas —que pienso que está más cerca de la filosofía que de la ciencia—, más allá de todos los descubrimientos del James Webb, hay una pregunta que esta película formula sin palabras: ¿qué significa ser humano en un cosmos que probablemente nos ignore?

Derek no tiene la respuesta. Yo tampoco. Pero seguimos buscando, porque renunciar a la búsqueda sería renunciar a lo que nos hace humanos: la capacidad de maravillarnos ante lo desconocido y negarnos a aceptar que hay preguntas que no merecen ser formuladas.

Y tú, ¿qué opinas? ¿Crees que vale la pena seguir buscando vida extraterrestre sabiendo que probablemente nunca la encontraremos, o es mejor aceptar nuestra soledad cósmica y concentrarnos en los problemas terrestres?


Valoración #JaviFlim: 6,0


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