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jueves, 19 de marzo de 2026

Cuentos Asombrosos (Amazing Stories, 2020): Spielberg vuelve... con el sello de Apple

Logo metálico plateado con letras en relieve del título de la serie sobre fondo negro con destello central

Hay series que ves con el corazón y hay series que ves con la cabeza. Esta la he visto con las dos cosas a la vez, y el resultado es una valoración generosa que reconozco desde el principio que está contaminada por la nostalgia. La serie original de 1985, producida por Spielberg en su mejor momento creativo, fue uno de esos hitos de la adolescencia que te marcan sin que lo sepas. Esa serie era asombrosa de verdad: atrevida, imaginativa, capaz de mezclar terror, comedia y emoción dentro del mismo episodio sin pestañear.

La vi hace algún tiempo y la tenía pendiente de comentar. Esta versión llega en 2020, y 2020 no es un año cualquiera. Es el año en que muchos terminamos de entender que la narrativa que nos cuentan, en los medios, en la política y también en el entretenimiento, responde a una agenda que no siempre coincide con la realidad. Quien haya leído mi reseña de Fundación sabe perfectamente de qué hablo: Apple lleva años usando sus producciones como altavoz de una ideología que se cuela en los guiones con la sutileza de un cartel de neón. Aquí ocurre lo mismo, aunque con menos presupuesto y más nostalgia de por medio.

Son cinco episodios de fantasía familiar con buena producción, actores solventes y el espíritu correcto, aunque no siempre la ejecución que merecen. La agenda ideológica de la plataforma aparece en varios episodios de manera tan calculada que en algún momento parece más un ejercicio de ingeniería social que un cuento de fantasía. Dicho esto, la nostalgia de los que crecimos con la serie original de Spielberg hace su trabajo, y hay al menos un episodio que justifica completamente el tiempo invertido. Vamos a los episodios.

Mujer con vestido vintage y guantes largos brinda con un hombre de esmoquin en un local con ambiente de época

El Sótano (The Cellar): el mejor con diferencia.-


Sam es un chico de nuestro tiempo, veinteañero, con más swipes en Tinder que proyecto de vida, que acaba en Iowa restaurando una granja antigua con su hermano. En el sótano, durante una tormenta, encuentra un portal que lo lleva a 1919. Allí conoce a Evelyn, y lo que empieza como desconcierto se convierte en algo que ninguno de los dos esperaba.

Dylan O'Brien y Victoria Pedretti funcionan juntos con una naturalidad que no se puede fingir, y el episodio tiene la honestidad emocional que le falta al resto de la temporada. Es una historia de amor y viajes en el tiempo que no inventa nada nuevo, pero que lo cuenta con suficiente calidez para que te importe su desenlace. Tiene momentos apresurados y alguna decisión de guion que chirría, pero es el único episodio que a uno le hubiera gustado ver extendido a película completa. El mejor de los cinco, sin discusión.

Dos chicas jóvenes con ropa deportiva miran con cautela mientras una sostiene una barra metálica en un almacén

La Eliminatoria (The Heat): buenas intenciones, agenda visible.-


Tuka y Sterling son dos amigas y atletas en el instituto. Tras un accidente, una de ellas regresa como fantasma para ayudar a la otra a seguir adelante y resolver lo que quedó pendiente. El episodio tiene momentos emocionalmente efectivos y una química entre las dos protagonistas que funciona, pero es también donde la mano de Apple pesa más. La historia está construida sobre una agenda de representación tan visible que en algún momento parece más un anuncio institucional que un cuento de fantasía. No es que la inclusión moleste: molesta que sea tan mecánica, tan calculada, tan poco orgánica y tan metida con calzador. Cuando el mensaje supera a la historia, la historia pierde.

Hombre mayor con chaqueta marrón y niño de chubasquero amarillo sentados juntos leyendo un papel al aire libre

Dynoman and the Volt: entrañable pero menor.-


Un abuelo gruñón que lleva décadas peleado con su propio cuerpo recibe por correo un anillo de juguete que pidió hace sesenta años a través de un tebeo. El anillo le da superpoderes. Lo que sigue es una historia de reconciliación entre generaciones envuelta en cómic de los cincuenta, con Robert Forster en uno de sus últimos papeles antes de su muerte en 2019.

Forster es lo mejor del episodio, sin duda. Hay algo genuinamente emotivo en ver a un actor de su trayectoria interpretar a un hombre que recupera, aunque sea por poco tiempo, lo que el cuerpo le ha ido quitando. El problema es que el episodio no sabe qué quiere ser: ¿comedia familiar?, ¿drama de superhéroes?, ¿reflexión sobre la vejez? Intenta las tres cosas y no remata ninguna del todo. Entrañable, sí. Asombroso, no tanto.

Médico asiática con bata blanca muestra una tableta a una joven con rastas en un pasillo hospitalario iluminado

Signos de Vida (Signs of Life): el más inquietante.-


Sara despierta de un coma de seis años sin recuerdos de su vida anterior. Su hija adolescente, Alia, tiene que lidiar con el hecho de que la mujer que tiene delante lleva su cara pero no es, en ningún sentido práctico, su madre. El episodio explora ese territorio de identidad y memoria con más profundidad que los anteriores, y tiene el mérito de no resolverlo con un lazo perfecto. Es el más incómodo de los cinco, el que más preguntas deja flotando, y por eso también el más interesante desde un punto de vista narrativo. No es el mejor episodio, pero sí el que más te deja pensando después de verlo.

Hombre joven con chaqueta de cuero mojado mira hacia atrás con un avión militar de la Segunda Guerra Mundial al fondo bajo la lluvia

La Grieta (The Rift): el más flojo del lote.-


Una madre joven y su hijastro van en coche por Ohio cuando un caza de la Segunda Guerra Mundial cae del cielo frente a ellos. El piloto viene de 1944 y no tiene ni idea de lo que ha pasado. Lo que debería ser el episodio más espectacular de la temporada, el que se rodó primero y se guardó para el final, es en cambio el más previsible y el más lleno de inconsistencias lógicas. Hay un final de aplausos colectivos que resulta tan forzado que es uno de los momentos más incómodos de la temporada. Terminar así una serie que arrancó con la fuerza de El Sótano es, cuanto menos, una decisión extraña.

Lo que podría haber sido.-


La serie original de 1985 tenía algo que esta versión no tiene: riesgo. Spielberg en aquel momento se podía permitir episodios que terminaban mal, historias que incomodaban, finales que no consolaban a nadie. La versión de 2020 vive en una burbuja de positividad calculada que la hace predecible. Mientras Black Mirror te deja con la guardia baja, estos cuentos te acompañan hasta la puerta y se aseguran de que salgas sintiéndote bien, y de paso, habiendo recibido el mensaje que tocaba recibir.

Eso no es exactamente lo que Spielberg hizo en 1985. Pero es lo que Apple necesitaba en 2020.

¿Viste la serie original de los 80? ¿Crees que la nostalgia nos hace más indulgentes con los reboots o simplemente tenemos el derecho a exigir que estén a la altura de lo que nos marcó? Cuéntame en los comentarios.



Valoración #JaviFlim: 7,5


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