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jueves, 16 de abril de 2026

Iron Sky (2012): nazis en la luna, humor negro y un astronauta negro que se lo lleva todo

Póster oficial con soldados nazis en uniforme ante una Nueva York en llamas invadida por platillos volantes y banderas con esvástica

¿Qué mejor que terminar el día riendo?

Iron Sky es exactamente el tipo de película que no debería existir y que sin embargo existe, gracias a 7,5 millones de euros reunidos en parte por crowdfunding, al atrevimiento de un director finlandés llamado Timo Vuorensola y a la idea más disparatada del cine de ciencia ficción del año 2012: ¿y si los nazis, en lugar de rendirse en 1945, se fueron a vivir a la cara oculta de la Luna para preparar su regreso?

El argumento que no necesita más explicación.-


Los nazis llevan setenta años en la Luna construyendo el Cuarto Reich con estética steampunk y platillos volantes de verdad, esperando el momento de invadir la Tierra. Ese momento llega cuando la presidenta de Estados Unidos, en plena campaña de reelección, envía a un astronauta negro a la Luna como operación de imagen. Lo primero que te encuentras es a ese astronauta siendo detenido por los nazis selenitas, que nunca habían visto a una persona de color y que reaccionan con una mezcla de perplejidad científica y racismo cósmico que resulta desternillante.

Todas sus apariciones son de lo mejor de la película, sin excepción. El personaje funciona como espejo que devuelve el absurdo en todas direcciones: el absurdo nazi, el absurdo americano y el absurdo del mundo en general.


Renate y el Gran Dictador como corto educativo.-


Aquí está el gag más memorable de la función. Renate (Julia Dietze), la maestra de historia del régimen lunar, ha enseñado a sus alumnos durante décadas que El Gran Dictador de Chaplin es un cortometraje educativo que muestra cómo todo el mundo adora al Führer, porque claro, en la base nazi de la Luna solo tienen los primeros cuatro minutos de la película, que son exactamente los que parecen confirmar esa interpretación. Cuando Renate ve la película completa en la Tierra, su mundo se derrumba. Es el tipo de humor inteligente que la película maneja bien cuando se lo propone.

Julia Dietze compone a Renate con una ingenuidad que funciona perfectamente: no es una villana, es alguien que ha sido educada en una mentira total y que descubre la realidad con el mismo desconcierto con que cualquiera descubriría que le han contado el mundo al revés. Es el personaje más humano de una película que no aspira precisamente al realismo.

Mujer rubia con uniforme militar negro y gorra nazi apoyada en una mesa frente a una pizarra con vocabulario alemán e inglés

Lo que funciona y lo que no.-


Los efectos especiales son notables para el presupuesto disponible. La ambientación de la base lunar tiene una coherencia visual steampunk que resulta genuinamente atractiva. La sátira política tiene momentos brillantes, especialmente todo lo relacionado con la presidenta americana y su asesora de campaña, que acaba usando las técnicas de propaganda nazi para la reelección sin pestañear. Es el tipo de humor que en Idiocracia funciona durante toda la película y aquí funciona a ratos.

El problema es el ritmo. La primera media hora es una maravilla de absurdo bien ejecutado. Cuando la acción se traslada a la Tierra, la película pierde fuelle y la sátira se vuelve más obvia y menos efectiva. Es como si el guion hubiera agotado sus mejores ideas en el planteamiento y el desarrollo tirara de inercia. Para quien disfrute de la sátira sin filtros y el disparate con cierta coherencia interna, Están Vivos de Carpenter sigue siendo el referente de cómo usar el género fantástico para decir verdades incómodas con humor.

Primer plano de ojos verdes intensos bajo una gorra militar con calavera metálica semioculto entre sombras

Un mérito que no es menor.-


Que esta película exista es, en sí mismo, un logro. Una coproducción finlandesa-alemana-australiana, financiada en parte por los fans que aparecen en los créditos, con un argumento que cualquier ejecutivo de Hollywood habría rechazado en treinta segundos. La aduana alemana ni siquiera les dejó importar los uniformes nazis al rodaje, así que tuvieron que resolverlo con el equipo de vestuario de Malditos Bastardos, que ya tenían experiencia en el asunto.

Se pasa un buen rato si no eres exigente con este tipo de películas. Que es exactamente lo que hay que ser para disfrutarla.

¿Cuál es la película más disparatada que recuerdas haber disfrutado sin culpa? ¿Hay algún límite para el humor cuando el blanco de la sátira lo merece? Los comentarios son tuyos.


Valoración #JaviFlim: 5,0


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