
Hay películas que te hacen reír. Hay películas que te hacen pensar. Y luego están esas películas que intentan hacer ambas cosas pero acaban no haciendo ninguna de las dos con suficiente valentía. Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho? (Qu'est-ce qu'on a fait au Bon Dieu?) pertenece a esta última categoría.