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viernes, 5 de agosto de 2016

Robots: La Invasión - Cuando el talento se desperdicia en una distopía sin alma

Robots: La Invasión (2014)

El desperdicio más frustrante del cine familiar británico.-


Jon Wright regresa tras el éxito de Grabbers, aquella comedia gamberra de alienígenas pulpiformes alérgicos al alcohol que conquistó Irlanda. Pero esta vez cambia el humor por la seriedad. Robots: La Invasión nos presenta una Tierra distópica dominada por robots del espacio que mantienen a la humanidad esclavizada mediante implantes electrónicos. El toque de queda es permanente. La libertad, un recuerdo. Y un grupo de adolescentes descubrirá que los dominadores no son tan invencibles como parecen.

El planteamiento promete. La ejecución decepciona.

Cuando las estrellas no brillan.-


Ahí están en los créditos: Gillian Anderson, la inolvidable agente Scully, y sir Ben Kingsley, ganador del Oscar. Dos pesos pesados del cine internacional en una producción británica de bajo presupuesto. La emoción inicial se desvanece rápido. No porque actúen mal —son profesionales impecables— sino porque no hay nada que actuar. Kingsley hace de colaboracionista pomposo con tres escenas. Anderson interpreta a una madre preocupada con el mismo metraje. Es como contratar a Picasso para pintar una valla publicitaria.

El desperdicio duele más que cualquier defecto técnico.

Gillian Anderson y Ben Kingsley en Robots: La Invasión (2014)

Una distopía sin personalidad.-


La película toma prestado de todo sin aportar nada propio. No estamos ante los Cylons de Galactica, donde la guerra entre humanos y máquinas alcanza dimensiones épicas y filosóficas. Tampoco estamos ante Transformers, con su espectáculo visual abrumador. Robots: La Invasión se queda en tierra de nadie: una ocupación robótica donde los invasores imponen toques de queda, prohibiciones y un control social que debería generar tensión... pero no lo hace.

Los "colaboracionistas" —humanos que sirven al invasor— son el único elemento interesante. Traidores necesarios para mantener el orden. Pero la película los trata como meros villanos de cartón en lugar de explorar la complejidad moral de quien elige sobrevivir a costa de su dignidad.


Héroes adolescentes en piloto automático.-


Los cuatro jóvenes protagonistas cumplen con su trabajo sin destacar ni decepcionar. Descubren por casualidad —siempre por casualidad— algunas vulnerabilidades de los robots y deciden iniciar una resistencia. El problema no son las actuaciones, que son correctas. El problema es que el guion los conduce por carriles predecibles: el héroe con habilidad especial, la chica lista, el amigo leal, el pequeño ingenioso. Arquetipos sin vida propia.

Las campiñas inglesas fotografiadas con cierta belleza son el mejor acompañante de una aventura que avanza sin sobresaltos pero también sin emoción. No aburre, pero tampoco engancha. Es entretenimiento funcional, mecánico, tan automático como los robots que invaden la pantalla.

Robots: La Invasión (2014)

Robots: La Invasión es una película para toda la familia. Es bastante suave y, aunque los robots desintegran personas, no lo hacen de manera desagradable. El film no corre veloz, pero tampoco se hace aburrido. Las interpretaciones de los cuatro chavales protagonistas puede que sea lo más destacable junto con algo de buena fotografía de las campiñas inglesas.

Gillian Anderson. Robots: La Invasión (2014)

Para toda la familia (y olvidable para todos).-


Robots: La Invasión es cine familiar en el sentido más literal: puedes verla con tus hijos un domingo lluvioso sin preocuparte por contenido inapropiado. Los robots desintegran personas, sí, pero lo hacen con discreción televisiva. No hay sangre. No hay horror. No hay nada que pueda perturbar una tarde de palomitas.

Y quizá ese sea el problema. La película juega tan seguro, se mueve tan dentro de lo aceptable, que nunca corre riesgos. Nunca sorprende. Nunca incomoda. Es ciencia ficción domesticada, distopía sin filo, aventura sin adrenalina.

Gillian Anderson. Robots: La Invasión (2014)

El sabor amargo del desperdicio.-


Lo más difícil de digerir no son los efectos especiales limitados ni el guion deslavazado. Lo doloroso es imaginar qué pudo haber sido esta película con el mismo reparto y un presupuesto que le hiciera justicia. Con un director dispuesto a explorar las zonas oscuras de una ocupación robótica. Con un guion que profundizara en la traición, el miedo y la resistencia.

Pero lo que tenemos es una oportunidad perdida. Un talento desperdiciado. Una idea interesante diluida en convencionalismo familiar.

Al final, Robots: La Invasión cumple su modesta función: entretiene sin exigir, distrae sin provocar, pasa el rato sin dejar huella. La olvidarás con la misma facilidad que le diste al "play". Y cuando recuerdes que Gillian Anderson y Ben Kingsley estuvieron ahí, te preguntarás por qué nadie les dio algo mejor que hacer.

¿Has visto alguna película donde el talento del reparto merecía mucho más que el material que tenían entre manos? ¿O quizá crees que me equivoco y que Robots: La Invasión tiene más virtudes de las que le reconozco? Déjame tu opinión en los comentarios. A veces las películas olvidables dejan recuerdos inesperados en quienes las vieron.

Valoración #JaviFlim: 4,0


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