Cuando el refugio se convierte en otra jaula.-
Las secuelas deberían aportar algo nuevo, expandir el universo que conocimos, abrir puertas que apenas se entreveían en la primera entrega. Si no lo hacen, ese viejo dicho de que segundas partes nunca fueron buenas cobra todo su sentido. Y aquí nos encontramos con un dilema: "El Corredor del Laberinto" nos sorprendió con su misterio, con esa sensación claustrofóbica de no saber qué demonios estaba pasando ni quién movía los hilos. Esta segunda entrega, en cambio, nos lo cuenta todo demasiado pronto.