
Hace quince años, el Sr. Ridley Scott ya nos llevó al Planeta Rojo con una película que prometía mucho más de lo que entregó. Lo más memorable de aquella aventura fue ver a Carrie-Anne Moss, nuestra Trinity, saliendo de la ducha en su primer papel protagonista. El resto quedó en un entretenimiento mediocre que desaprovechó un tema fascinante: la exploración humana de Marte.

La Promesa del Planeta Rojo.-
Ahora, en 2015, Scott regresa al escenario marciano con "The Martian", y esta vez la cosa va en serio. La premisa es simple pero devastadora: Mark Watney (Matt Damon), un astronauta botánico de la misión Ares III, es dado por muerto tras una violenta tormenta y abandonado en Marte cuando su equipo debe evacuar de emergencia. Pero Watney no está muerto. Está solo, a millones de kilómetros de casa, en un planeta que quiere matarlo.
Lo que comienza aquí es una historia de supervivencia que debería hacerte sudar, que debería ponerte la piel de gallina pensando en la inmensidad de la soledad y el vacío. Y sin embargo...
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| Parte la tripulación decidiendo qué hacer ante la gran tormenta que viene. |
El MacGyver Espacial.-
Seré honesto: al principio pensé que iba a presenciar otro rollo triunfalista estadounidense con personajes planos. Y en cierto modo, lo es. Watney resulta ser una especie de MacGyver del espacio con conocimientos aparentemente ilimitados de botánica, ingeniería, química y medicina. ¿Cultivar patatas en suelo marciano? Hecho. ¿Producir agua? Pan comido. ¿Contactar con la Tierra? Dame un rato. Todo tiene solución, y esa es precisamente mi mayor pega con esta película.
Echo de menos la angustia visceral. Esa certeza de muerte que debería aplastar a cualquier ser humano. No me creo que alguien, por muy astronauta entrenado que sea, pueda mantener ese nivel de optimismo sabiendo que va a morir solo en un planeta hostil. Watney se pasa la película de buen rollo, cantando y sonriendo a la cámara. ¿Dónde está el miedo? ¿Dónde está la rabia contra el universo que te ha condenado?

Lo que Funciona (y lo que no).-
Pero aquí viene lo interesante: a pesar de mis reservas iniciales, según avanza la película, me doy cuenta de que Scott ha tomado una decisión deliberada. Deja de lado lo trascendental para centrarse en lo emocional desde otra perspectiva. No busca el drama existencial, busca la épica de la solidaridad humana.
Ver a todo un planeta, La Tierra entera, volcado en rescatar a un hombre perdido a millones de kilómetros transmite algo que escasea en nuestros tiempos: esperanza en la humanidad. Puede que esa solidaridad planetaria no exista hoy, pero Scott nos muestra que debería existir. Y eso, en 2015, con el mundo que tenemos, es casi un acto de fe.
Antes de continuar, hay que mencionar dos elementos fundamentales. Primero, Andy Weir, el autor de la novela original autopublicada en 2011 (que luego se convirtió en bestseller editorial en 2014), merece un reconocimiento por crear una historia donde la ciencia no es decorado, sino protagonista. Segundo, la Dirección de Fotografía de Dariusz Wolski es impecable. Las imágenes de Marte son tremendamente realistas, bañadas en luz cuando es necesario y sumidas en penumbra cuando la tensión lo exige. Un trabajo formidable que te hace sentir el polvo rojo bajo tus pies.
El Precio del Optimismo.-
También he echado en falta el realismo de la gravedad marciana, que es aproximadamente un tercio de la terrestre. Los personajes se mueven como si estuvieran en la Tierra, y eso rompe la inmersión para quien conoce estos detalles. Pero supongo que Scott decidió que el público general iba a perdonar esa extrañeza visual.
La película es entretenida y emocionante durante sus más de dos horas. Es una superproducción con más de 100 millones de dólares de presupuesto, dirigida al entretenimiento con mayúsculas. Me lo he pasado bien viéndola, a pesar de esa sensación inicial de que iba a ser puro triunfalismo vacío.
¿Vale la Pena?.-
Si te gusta la ciencia ficción aventurera, con imágenes hiperrealistas que te transportan a otro mundo, esta película te va a funcionar. Solo te pido una cosa: no le busques tres pies al gato. No esperes rigor científico absoluto ni profundidad psicológica. Es Scott en modo optimista, algo inusual en él, y funciona si te dejas llevar.
Es curioso. Una película sobre un hombre abandonado en Marte que nos recuerda que, tal vez, cuando todo esté en nuestra contra, lo único que nos salve sea nuestra determinación de no rendirnos. Y el hecho de que alguien, en algún lugar, esté dispuesto a arriesgarlo todo para traernos de vuelta a casa.
¿Te quedaste pensando en qué harías tú abandonado en Marte? ¿Crees que el optimismo de Watney es creíble o es puro wishful thinking hollywoodiense? Déjame tu opinión en los comentarios. Quiero saber si eres de los que se compran esta visión esperanzadora o si, como yo, echas de menos un poco más de realidad psicológica en medio de tanto MacGyverismo espacial.
Valoración #JaviFlim: 7,0



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