
En el panorama del thriller nórdico, donde las sombras son más profundas y los silencios más elocuentes, Misericordia emerge como una obra que trasciende el simple entretenimiento policial para adentrarse en territorios emocionales que pocos se atreven a explorar con tanta honestidad brutal.
El peso de la culpa como catalizador.-
La película no nos presenta a un héroe, sino a un hombre roto. Carl Mørck arrastra una culpa que lo consume desde adentro: la pérdida de un compañero y la discapacidad de su mejor amigo como consecuencia directa de sus decisiones. Esta premisa, donde un inspector es degradado al Departamento Q tras una operación que sale mal, establece un marco emocional donde la redención no es solo posible, sino necesaria para la supervivencia psicológica del protagonista.

Esta premisa, donde un inspector es degradado al Departamento Q tras una operación que sale mal, establece un marco emocional donde la redención no es solo posible, sino necesaria para la supervivencia psicológica del protagonista.
El Departamento Q funciona como metáfora perfecta de nuestra propia relación con el pasado: esos cajones llenos de asuntos sin resolver que preferimos mantener cerrados, pero que inevitablemente reclaman nuestra atención. La "Q" de Quartermaster (intendencia) no es casualidad; es el lugar donde van a parar las cosas que ya nadie quiere gestionar.
Allí conocerá a su nuevo compañero, de origen sirio, Assad. Juntos comienzan a desenterrar antiguos casos y deciden investigar uno que se cerró con el suicidio de una mujer. Carl no está conforme con el resultado de la investigación, reabre el caso y ambos comienzan nuevas líneas de investigación.
La construcción del mal: un espejo perturbador.-
Lo más inquietante de Misericordia no radica en la violencia explícita, sino en cómo nos presenta la génesis del mal. El antagonista no surge de la nada; es el producto meticuloso de circunstancias, traumas y decisiones que lo moldean hasta convertirlo en lo que es. Esta construcción psicológica nos obliga a enfrentar una realidad incómoda: todos llevamos dentro la semilla de la oscuridad, solo que algunos la riegan más que otros.
La película nos susurra al oído que el mal no es una fuerza abstracta, sino algo terriblemente humano y, por tanto, comprensible. Esta comprensión genera una incomodidad visceral que perdura mucho después de que terminen los créditos.

Cuando el sistema falla, la humanidad prevalece.-
El personaje del jefe, obstinado y miope ante la evidencia, representa esa burocracia institucional que prioriza la comodidad sobre la justicia. Sin embargo, Carl y Assad encarnan la rebeldía necesaria contra un sistema que prefiere archivar verdades incómodas. Su alianza, forjada en la adversidad compartida, trasciende las diferencias culturales y se convierte en un himno silencioso a la dignidad humana.
Assad, lejos de ser un simple compañero, aporta una perspectiva fresca que complementa la experiencia amarga de Carl. Su química no es forzada; fluye naturalmente, como dos piezas de un rompecabezas que se han estado buscando sin saberlo.
La estética del dolor nórdico.-
La fotografía de Mikkel Nørgaard captura la esencia del noir escandinavo sin caer en clichés visuales. Cada encuadre respira la melancolía de un país donde el sol escasea y las sombras se alargan hasta convertirse en protagonistas silenciosas. La banda sonora complementa esta atmósfera sin imponerse, creando un tapiz sonoro que envuelve la narrativa como una segunda piel.
Los paisajes daneses se convierten en extensiones del estado anímico de los personajes: fríos, hermosos y ligeramente hostiles. La cámara no busca espectacularidad, sino intimidad; no quiere impresionar, sino conmover. De alguna manera me ha recordado a los sentí cunado vi la serie True Detective.
El thriller como terapia colectiva.-
Misericordia funciona como una sesión de terapia grupal disfrazada de entretenimiento. Nos confronta con nuestros propios mecanismos de negación, con esa tendencia humana a cerrar casos antes de resolverlos realmente. La película sugiere que la verdadera justicia no reside en los veredictos judiciales, sino en la voluntad de no abandonar a aquellos que el sistema ha olvidado.
La desaparición de Merete Lynggaard se convierte en el símbolo de todas las ausencias no resueltas, de todos los silencios que claman justicia en un mundo que prefiere seguir adelante sin mirar atrás.
Una reflexión sobre las segundas oportunidades.-
En el fondo, Misericordia es una historia sobre la posibilidad de redimirse cuando todo parece perdido. Carl encuentra en el Departamento Q no solo un destino laboral, sino una oportunidad de reconciliarse consigo mismo. La investigación se convierte en un acto de fe: la creencia de que siempre es posible hacer las cosas bien, incluso cuando el tiempo parece haberse agotado.
El título español, Misericordia, encapsula perfectamente esta búsqueda de compasión y perdón, tanto hacia los demás como hacia uno mismo. Es una película que nos recuerda que la justicia verdadera no es solo castigar al culpable, sino ofrecer consuelo al inocente.
Si algo quiero destacar es la manera en la que se describe al enemigo. Sin que sepa quien es en realidad hasta la última parte de la cinta, se nos va presentando en una especie de descripción de cómo se construye un psicópata. Los elementos del pasado que dan justificación a sus actos. No hay motivo aparente, pero siempre hay una explicación desde su perspectiva. En esta película la descripción del malo es muy audaz.
En definitiva se trata de una muy buena película de investigación policial, emotiva y profundamente humana, que te mantiene concentrado durante la poco más de hora y media que dura. Cine danés de calidad del que espero más en las próximas entregas de esta saga. Te gustará.
¿Has sentido alguna vez que mereces una segunda oportunidad para hacer las cosas bien? ¿Qué caso de tu propia vida reabrirías si pudieras? Comparte en los comentarios qué te ha transmitido esta película o qué recuerdos ha despertado en ti.
Valoración #JaviFlim: 8,0

No hay comentarios:
Publicar un comentario