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sábado, 24 de octubre de 2015

Tomorrowland: Brad Bird promete un futuro brillante y no acaba de cumplir

Cartel oficial de Tomorrowland (2015) con George Clooney y un niño contemplando la ciudad del futuro

De vez en cuando viene bien relajarse con una película familiar, de esas que te envuelven en fantasía sin exigirte demasiado y que, si te dejas llevar, te transportan a lugares imposibles con una sonrisa. Tomorrowland aspira a ser exactamente eso, y en buena medida lo consigue, aunque no sin tropiezos.

Un proyecto con historia detrás.-


Tomorrowland comenzó como una idea de Pixar para producir su primer largometraje en imagen real. Ese proyecto inicial se diluyó, pero Disney lo rescató y lo puso en manos de Brad Bird, director acreditado tanto en animación (con Los Increíbles y Ratatouille a sus espaldas) como en acción real tras el notable resultado de Misión Imposible: Protocolo Fantasma (2011). Bird renunció, entre otros proyectos, a dirigir el Episodio VII de Star Wars para hacer esta película. Con eso queda claro que la quería de verdad.

El resultado es una aventura de ciencia ficción con un presupuesto de 190 millones de dólares, protagonizada por George Clooney y Hugh Laurie en los papeles adultos, aunque, como ya intuirás al verla, los verdaderos motores de la historia son los jóvenes.


La Ciudad de las Artes y las Ciencias, protagonista inesperada.-


Antes de entrar en la trama, un apunte que como español no puedes dejar pasar. Buena parte del Tomorrowland que ves en pantalla está rodado en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia. El icónico complejo de Santiago Calatrava funciona aquí como escenario de un futuro posible, y resulta difícil no sentir cierto orgullo al reconocer esas formas tan características convertidas en decorado de una superproducción Disney. Es uno de los detalles más agradables de toda la película.

Britt Robertson corriendo en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia en una escena de Tomorrowland (2015)
Britt Robertson en Tomorrowland (CAC valencia)

La historia: curiosidad como superpoder.-


Tomorrowland es, en su núcleo, la historia de dos personas unidas por el mismo destino. Por un lado, Casey Newton (Britt Robertson), una adolescente de curiosidad desbordante, optimista casi de manera irracional, que se niega a aceptar que el mundo no tenga arreglo. Por el otro, Frank Walker (George Clooney), un antiguo niño prodigio que visitó Tomorrowland de pequeño y que desde entonces vive amargado y desconfiado, convencido de que el futuro es un lugar al que ya no merece la pena aspirar.

Cuando sus caminos se cruzan, ambos tendrán que llegar a ese lugar misterioso situado en otro espacio y otro tiempo, conocido como Tomorrowland, para descubrir qué está pasando allí y si todavía hay algo que salvar.

Sin hacer spoilers, lo que la película plantea en su trasfondo es una reflexión bastante interesante sobre cómo la humanidad ha normalizado el catastrofismo. Cómo consumimos la idea del apocalipsis como entretenimiento, cómo nos hemos acostumbrado a la idea de que todo va a ir a peor, y cómo esa resignación colectiva se convierte en una profecía autocumplida. Es un mensaje que en 2015 ya resultaba pertinente y que hoy lo es todavía más.

Hugh Laurie y George Clooney en una escena de Tomorrowland (2015)
Los adultos protagonistas que, afortunadamente, quedan en segundo plano

Lo mejor: la energía de los jóvenes y los primeros treinta minutos.-


Tengo que ser directo en esto: los actores en los que hay que fijarse no son los más conocidos. Britt Robertson llena la pantalla cada vez que aparece, con una energía y un entusiasmo que resultan genuinamente contagiosos y que sostienen la película en sus momentos más flojos. Raffey Cassidy, con solo doce años en el momento del rodaje, se come las cámaras con una presencia que muy pocos adultos logran. Pierce Gagnon, con diez años, completa un trío de jóvenes intérpretes que aportan una frescura especial al conjunto. Habrá que seguirles la pista.

Los primeros treinta minutos, en particular, son notablemente buenos. La presentación de los personajes es clara, el ritmo es vivo, y la forma en que la película te introduce en su premisa fantástica tiene ese punto de magia que Bird maneja tan bien cuando está en forma.

Britt Robertson como Casey Newton ante la ciudad futurista de Tomorrowland en el campo de trigo

Lo que no termina de funcionar.-


La película tiene un problema que no es menor: se desinfla en su segundo acto y llega a un desenlace que no está a la altura de lo prometido. El guion, coescrito por Bird y Damon Lindelof (creador de Perdidos, lo cual no es ajeno a la sensación de que algunas ideas se quedan sin resolver), acumula demasiados conceptos y no todos encuentran su sitio. El mensaje, que al principio se desliza con elegancia, termina convirtiéndose en un sermón repetitivo que la película martillea con más insistencia de la necesaria.

Hugh Laurie, que en el papel de Nix podría haber construido un antagonista memorable, queda reducido a un personaje poco definido que se resuelve con demasiada facilidad. Es una oportunidad desperdiciada.

Y hay una tensión de fondo que la película no consigue resolver: está pensada para todos los públicos, pero resulta demasiado densa para los niños y demasiado infantil para los adultos. Se queda en tierra de nadie con más frecuencia de la deseable.

Vista aérea de la ciudad futurista de Tomorrowland con sus autopistas elevadas y arquitectura avanzada

Una película valiente con un final que no la acompaña.-


Dicho todo esto, Tomorrowland merece más respeto del que recibió. Fue un fracaso comercial rotundo (las pérdidas estimadas superaron los 120 millones de dólares) y la crítica tampoco fue benévola. Pero hay algo genuino en su apuesta por el optimismo en un momento en que el cine de aventuras familiares rara vez se arriesga a decir algo más allá de entretener.

Pin metálico de Tomorrowland con la T característica sobre fondo azul, objeto clave de la trama
Si te gustan las películas que aspiran a algo, que no tienen red de seguridad de franquicia, que se atreven a pedir al espectador que piense un poco mientras se divierte, esta tiene valor. No es perfecta, está lejos de serlo. Pero su plano final, ese que cierra la historia con una imagen de esperanza genuina y no impostada, vale la pena esperar.

Y si a esto añades que una parte de lo que ves está rodada en Valencia, la excusa para verla ya es doble.

Si tienes ganas de más ciencia ficción familiar con ideas detrás del espectáculo, el El Destino de Júpiter de los Wachowski es otro intento del mismo año de hacer algo diferente dentro del género, aunque con resultados aún más irregulares. Y si lo que buscas es SciFi con más peso emocional y menos concesiones al público general, ya sabes que Interstellar sigue siendo la referencia del período.

¿La viste en su momento y te dejó con esa sensación de que prometía más de lo que dio? ¿O eres de los que la defienden y crees que se juzgó mal? Me gustaría leer tu versión en los comentarios.


Valoración #JaviFlim: 6,5


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