
Hay algo fascinante en la persistencia de ciertas sagas cinematográficas, en su capacidad para regresar una y otra vez a los mismos escenarios, con los mismos tropos, esperando que esta vez algo mágico ocurra. "Campamento sangriento 3" es ese hijo no deseado pero inevitable, esa entrega que existe más por obligación comercial que por necesidad creativa, y que sin embargo, consigue provocar en el espectador una extraña mezcla de fastidio y atracción, como cuando no podemos dejar de rascarnos una herida que sabemos que no debería molestar tanto.
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