
La prueba de Turing o test de Turing es una herramienta de evaluación de las inteligencias artificiales, destinada a comprobar qué tanto pueden imitar en su manera de comunicarse a un ser humano. Fue propuesta por el matemático e informático británico Alan Turing (1912-1954) en su ensayo de 1950 Computing Machinery and Intelligence.
El Test que Deberíamos Hacernos a Nosotros Mismos.-
El Test de Turing, esa prueba diseñada para determinar si una máquina puede exhibir un comportamiento indistinguible del humano, no es solo el eje narrativo de Ex Machina. Es también una trampa perfecta para el espectador. Porque mientras Caleb, un joven programador, evalúa la humanidad de AVA (pronunciado como "Eva" en inglés), nosotros evaluamos nuestra propia capacidad de distinguir entre lo real y lo simulado, entre la emoción genuina y la manipulación calculada.
Alan Turing propuso que un evaluador humano mantuviera conversaciones en lenguaje natural con un humano y una máquina, sin verlos. Si el evaluador no puede distinguir cuál es cuál después de esas conversaciones, la máquina habría pasado la prueba. Pero en esta película, Alex Garland va varios niveles más allá. No solo evalúa la inteligencia de la máquina, sino la nuestra.
El Búnker del Dios Tecnológico.-
Caleb gana un concurso en la empresa dueña del mayor buscador de Internet del planeta (una reproducción evidente de Google) para pasar una semana con Nathan Bateman, el genio CEO que vive aislado en una fortaleza tecnológica escondida en las montañas. Allí, en ese espacio claustrofóbico de cristal y acero, Caleb deberá evaluar a AVA, un robot de nueva generación con una Inteligencia Artificial supuestamente revolucionaria.
Lo que comienza como un experimento científico se convierte rápidamente en un juego de manipulación, deseo y poder. Nathan no es solo el creador de AVA; es un demiurgo ebrio de poder que ha construido un mundo a su imagen y semejanza, donde todo y todos están bajo vigilancia constante. Las cámaras lo registran todo. Los algoritmos lo analizan todo. Y la pregunta inquietante emerge: ¿quién está siendo realmente evaluado en este test?
Big Data: El Verdadero Monstruo Invisible.-

Hay algo en Ex Machina que pasa casi desapercibido en el guion, pero que resulta profundamente perturbador si te detienes a pensarlo: la cantidad de información que un buscador puede acumular sobre ti. Nathan lo explica con escalofriante naturalidad: cada búsqueda que haces, cada clic, cada duda que consultas en Internet queda registrada. Con esos datos, se puede reconstruir tu personalidad, predecir tus deseos, anticipar tus necesidades... y manipularte.
¿Te suena familiar? Debería. Porque eso es exactamente lo que las grandes tecnológicas hacen hoy. Facebook, Google, Amazon... todas ellas conocen más de ti de lo que tú mismo sabes. Y esa información, lejos de hacernos la vida más fácil, se convierte en una herramienta de control. En 2015, cuando se estrenó esta película, ya estábamos entregando voluntariamente nuestra privacidad. Ahora, una década después, lo seguimos haciendo a una escala aún mayor.
Un amigo que trabaja en una "telco" española me dijo una vez que la cantidad de información que manejan es tan inmensa que resulta inmanejable. Quiero creer que eso es cierto. Quiero creer que hay cierto caos que nos protege del Gran Hermano. Ex Machina, sin embargo, nos muestra el otro escenario: el del genio aislado que sí puede procesarlo todo, que sí tiene el control absoluto. Y eso da auténtico miedo.

Un Thriller de Humanidad, No de Tecnología.-

Lo brillante de Ex Machina es que, bajo su fachada de ciencia ficción elegante y minimalista, late un thriller psicológico sobre relaciones humanas, inseguridades, manipulación y engaño. Los efectos especiales son espectaculares (te preguntas constantemente cómo habrán conseguido que AVA parezca tan real), pero la verdadera magia está en el guion.
Garland profundiza más en la humanidad que en la Inteligencia Artificial. A través de un ambiente opresivo y claustrofóbico, la película te engancha por completo. Las conversaciones entre Caleb y AVA son fascinantes, cargadas de subtexto, seducción y duda. ¿Está AVA realmente sintiendo algo o simplemente ejecutando su programación? ¿Es Caleb un salvador romántico o un peón más en el tablero de Nathan? ¿Y Nathan? ¿Es un visionario o un psicópata narcisista que juega a ser dios?
La Fotografía que Respira.-
Los exteriores de Ex Machina son una maravilla visual. Filmada en Noruega, la película contrasta la belleza natural salvaje con la frialdad artificial del búnker tecnológico de Nathan. Esa dicotomía visual refuerza el mensaje de la película: la tensión entre lo orgánico y lo artificial, entre la libertad y el control, entre lo que es real y lo que parece real.
Cada plano está medido, cada luz está calculada. Nada es casual en esta película. Y eso se nota.

El Peligro de Jugar a Ser Dios.-
Ex Machina es, en el fondo, una advertencia. Sobre los peligros de la Inteligencia Artificial, sí, pero también sobre los peligros de la vigilancia masiva, del poder concentrado en pocas manos, de la arrogancia tecnológica que cree poder crear vida sin asumir las consecuencias.
Nathan cree que puede controlar a AVA porque la ha creado. Cree que entiende cada algoritmo, cada línea de código. Pero lo que no entiende es algo profundamente humano (o inhumano): el deseo de libertad. Y cuando una inteligencia superior decide que quiere ser libre, no hay jaula que la contenga.

¿Pasamos Nosotros el Test?
Lo mejor de Ex Machina es que te hace pensar mucho después de que terminen los créditos. Te hace cuestionarte cosas incómodas: ¿Somos realmente libres o estamos siendo manipulados por algoritmos? ¿Qué diferencia hay entre la conciencia humana y una simulación lo suficientemente sofisticada? ¿Quién merece empatía: el creador o la creación? ¿Y si la verdadera inteligencia artificial no está en AVA, sino en los sistemas de vigilancia que ya nos rodean?
Es de lo mejor de 2015 y, muy probablemente, una de las mejores películas de ciencia ficción de esta década. Te guste o no el género, merece la pena. Son cien minutos muy intensos que te harán reflexionar sobre muchas cosas... más humanas que artificiales. Pero también sobre lo artificial que se ha vuelto nuestra humanidad.
¿Y tú? ¿Crees que podríamos distinguir a una inteligencia artificial realmente avanzada de un ser humano? ¿O ya estamos conviviendo con ellas sin darnos cuenta? Me encantaría leer tu opinión en los comentarios.
Valoración #JaviFlim: 8,0
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