
Para morirse de miedo... creo que es el mejor cumplido que le puedo dar.
Por fin, una película de terror hecha a la vieja usanza, en la que, de verdad, la tensión y la adrenalina fluyen entre escalofríos. James Wan demuestra que no hace falta sangre a borbotones ni efectos baratos para conseguir que el público salte del asiento. Aquí el miedo es puro, destilado, casi visceral.
Vera Farmiga está intrigantemente excelente en su papel de Lorraine Warren, una mujer que no solo investiga lo paranormal, sino que lo siente en su propia piel. Su interpretación desprende esa fragilidad controlada que te hace creer que realmente está viendo cosas que nosotros no podemos percibir.

El Escepticismo Justificado del Espectador.-
Es cierto que, cuando a las pantallas llega una película de terror, todo el mundo está receloso. Es normal porque la calidad de las películas de este género, en los últimos años, ha hecho más mal que bien por él. Nos han vendido sustos fáciles, demonios digitales sin alma y argumentos que se desmoronan como castillos de naipes.
Sin embargo, cuando llega una de las buenas, de las que dan miedo y sorprenden de verdad, los adictos al cine de terror lo celebramos por todo lo alto.
Una Historia Real que Huele a Verdad.-
Expediente Warren (The Conjuring) está basada en la historia real de Ed y Lorraine Warren, matrimonio que se dedicó a investigar, en los años 70, fenómenos paranormales y sobrenaturales. Y aquí es donde la película gana una dimensión extra: el hecho de que estos casos realmente existieron, que hay archivos, grabaciones, testimonios... todo eso añade una capa de inquietud que ninguna ficción puede igualar.
El hecho de que tenga imágenes vintage hace, como muchos ya sabéis, que salga la parte romántica de mi trabajo en conversión de archivo audiovisual y me fijo en los detalles: que si un casete por aquí, un proyector de súper 8 por allá, un chaleco de rombos... y me encanta que esas imágenes sean realistas; que de verdad parezcan reales. Hay algo en esa estética setentera, con sus tonos cálidos y sus tecnologías obsoletas, que genera una sensación de nostalgia mezclada con desasosiego.

La Mecánica Perfecta del Miedo.-
La película te va metiendo en la trama de una manera sostenida, inteligente, para ir creciendo en intensidad llegando a un clímax de terror como hacía tiempo que no sentía, haciéndote saltar del asiento. No es casualidad: cada plano está medido, cada silencio calculado, cada sombra colocada justo donde debe estar para que tu cerebro complete lo que no se muestra.
La seguridad en el guion para realizar la película como se hacía antes garantiza de algún modo que va en serio. Wan no necesita demostrar nada a nadie, simplemente se dedica a construir atmósfera, a generar tensión sostenida, a jugar con tus nervios como un gato juega con un ratón. Y funciona. Vaya si funciona.
Si a eso le añadimos interpretaciones sólidas por parte de todo el reparto (Patrick Wilson complementa perfectamente a Farmiga, y Lili Taylor como Carolyn Perron consigue transmitir ese terror absoluto de una madre que no puede proteger a sus hijas), buena fotografía y ambientación, banda sonora y efectos de sonido rozando la perfección, sale una película de categoría, para volver a ver en cualquier momento y recordar con alegría que, a veces, se hace buen cine de terror.

El Poder de lo No Mostrado.-
Si hay algo que me fascina de esta película es su capacidad para sugerir antes que mostrar. Wan entiende que el cerebro humano es el mejor generador de horrores, y deja que nuestra imaginación haga el trabajo sucio. Un golpe en la puerta, una sombra que se mueve donde no debería, el llanto de una niña en mitad de la noche... pequeños detalles que se van acumulando hasta que la presión es insoportable.
La casa de los Perron se convierte en un personaje más, con sus pasillos oscuros, sus rincones imposibles y esa sensación constante de que algo observa desde algún lugar que no alcanzas a identificar. Y cuando finalmente aparece lo que ha estado acechando todo este tiempo, el impacto es brutal porque nos lo hemos ganado: la película se ha tomado su tiempo para prepararnos... y eso hace que el golpe sea aún más devastador.

Un Clásico Instantáneo.-
Expediente Warren, The Conjuring es una de esas películas que recupera la dignidad de un género que parecía perdido en fórmulas agotadas y efectos digitales sin alma. Aquí el terror es artesanal, trabajado con paciencia y respeto por la audiencia. No te trata como un idiota que necesita que le expliquen cada susto, sino como un cómplice dispuesto a dejarse llevar por la oscuridad.
Si eres de los que extrañan el terror clásico, el que se quedaba contigo después de apagar las luces, esta película es un regalo. Si eres de los que piensan que ya no se hacen películas de miedo como las de antes, Wan te demuestra que te equivocas: solo hace falta talento, visión y las ganas de contar una historia que realmente importe.

¿Y Tú? ¿Has Sentido Esa Presencia?
Si has visto Expediente Warren, The Conjuring, me encantaría saber si sentiste lo mismo que yo: ese escalofrío que te recorre la espalda, esos vellos erizados, esa necesidad de mirar por encima del hombro cuando sales del cine. ¿Qué momento te marcó más? ¿Hubo alguna escena que te hiciera saltar del asiento o que se te quedara grabada en la retina?
Déjame tu comentario aquí abajo. Al fin y al cabo, el terror compartido siempre es menos aterrador... o quizás más.
Valoración #JaviFlim: 7,5

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