
El thriller que las corporaciones prefieren que no veas.-
Thriller de eco-espionaje que mete el dedo en la llaga a los que manejan los hilos. Un filme que, seguramente, habrán intentado que pase lo más desapercibido posible.
Vivimos en un mundo donde el poder genera adicción. Los de arriba no quieren, bajo ningún concepto, perder sus posiciones dominantes y para ello son capaces de pasarse por el forro cualquier ley y echar mano de cualquier método para conseguir sus fines. Todo sirve para seguir en la brecha de la riqueza y la ostentación. Los demás, si nos quedamos parados, nunca podremos evitar la destrucción sistemática del planeta y dejaremos en herencia un erial inhabitable.
Las preguntas incómodas que nadie quiere responder.-
¿Acaso importan las diferencias entre tercer y primer mundo? ¿Acaso importa la capa de ozono o el deshielo de los polos? ¿Acaso importa la calidad del agua que bebemos? ¿Acaso tiene la menor importancia que las diferencias entre seres humanos sean cada vez más grandes? Sabiendo, como sabemos, que al planeta en realidad no le importamos, seguimos usándolo como si nos perteneciera, como si el futuro nunca fuese a llegar. Y el futuro, amigos míos, es ahora.
Desde mi punto de vista, es posible que el planeta Tierra tenga límites, pero desde luego estamos muy muy lejos de alcanzarlos. El planeta nos puede dar a todos de comer sin necesidad de trabajar, pero los intereses económicos están, y si no haceos nada, estarán siempre por encima de la población, de nosotros, porque los verdaderos responsables de abusar de él son precisamente esos intereses económicos.
Espionaje con causa y dilema moral.-
Con actuaciones aceptables, aunque en parte vacías y un tanto exhibicionistas, y un argumento irregularmente desarrollado por el tándem Brit Marling y Zal Batmanglij (que se inspiraron en su propia experiencia practicando freeganism durante dos meses en 2009), la película nos mete de lleno en una trama de espionaje entre corporaciones estatales y un grupo eco-revolucionario.
Sarah Moss (Brit Marling), agente de una empresa de seguridad privada, recibe la misión de infiltrarse en The East, un colectivo anarquista que ejecuta ataques contra grandes corporaciones farmacéuticas, petroleras y químicas responsables de envenenar el planeta. Pero a medida que gana la confianza del grupo, especialmente de su carismático líder Benji (Alexander Skarsgård) y de la radical Izzy (Elliot Page), Sarah comienza a cuestionar de qué lado está realmente la justicia.

Se entrelazan idealismo, hipocresía y venganza en un juego de sentimientos cruzados donde la línea entre terrorismo y activismo se difumina peligrosamente. Y ahí radica la fuerza de la película: en obligarte a preguntarte si los métodos violentos están justificados cuando el sistema legal protege a quienes cometen crímenes corporativos.
Una segunda mitad que pierde el rumbo.-
Es una pena que la segunda parte de la película pierda fuerza porque se dispersan un poco en la parte menos importante, dejando ir una excelente oportunidad de denunciar con más vehemencia al sistema, a los que lo dirigen y a la corrupción eternamente presente. La historia romántica entre Sarah y Benji resta tiempo a lo verdaderamente relevante: la exposición de cómo las corporaciones envenenan impunemente a millones de personas.
Otros filmes como Snowden o Están Vivos supieron mantener mejor el foco en la denuncia sin diluirla en romanticismos innecesarios. Incluso V de Vendetta consiguió equilibrar mejor el componente emocional con el mensaje político.

Un mensaje necesario a pesar de sus fallos.-
Aunque podría mejorarse, la película te va a gustar. Su parte de denuncia te hace reflexionar y te involucra de algún modo en la trama, porque plantea cuestiones reales: ¿cuántos fármacos en el mercado tienen efectos secundarios que las farmacéuticas conocen pero ocultan? ¿Cuántas empresas químicas contaminan ríos sabiendo que enferman a comunidades enteras?
Y aunque el fin no justifica los medios, es evidente que algo tiene que cambiar en el conjunto de los seres humanos para que las cosas vayan a mejor. La alternativa es devastadora. Cuando el sistema legal está comprado por quienes deberían ser juzgados, ¿qué queda? ¿Resignación? ¿Complicidad silenciosa?
The East no te da respuestas fáciles. Te presenta el dilema moral y te deja lidiar con él. Sarah debe elegir entre su carrera, su comodidad y su lealtad a un sistema corrupto, o abrir los ojos a una verdad que la obliga a actuar. Exactamente la misma elección que enfrentamos todos cada día cuando compramos productos de empresas que sabemos que destruyen el planeta.

Reflexión final.-
The East es cine incómodo, de esos que prefieren no programar en horarios de máxima audiencia. No porque sea mala, sino porque cuestiona demasiado, porque te hace ver que tu indiferencia es complicidad, porque te obliga a preguntarte si estarías dispuesto a sacrificar tu confort por un planeta habitable.
La película tiene sus defectos. La segunda mitad flaquea, las actuaciones no siempre convencen y el desarrollo argumental es irregular. Pero su mensaje sigue siendo vigente años después: las corporaciones nos están matando lentamente y el sistema legal no hará nada por impedirlo. Alguien tiene que actuar. La pregunta es quién y cómo.
No es perfecta, pero es necesaria. Y eso ya es más de lo que puede decirse de la mayoría del cine comercial que solo busca entretenerte mientras el mundo arde.
Si descubrieras que una empresa farmacéutica ocultó que su medicamento causa daños irreversibles, ¿Qué harías? ¿Denunciar legalmente sabiendo que el sistema protege a los ricos? ¿Unirte a un grupo radical? ¿O mirar hacia otro lado para seguir durmiendo tranquilo? Después de ver The East, esa pregunta no te dejará dormir tan fácilmente. Cuéntame qué opinas en los comentarios.
Valoración #JaviFlim: 6,5

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