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miércoles, 20 de mayo de 2015

El Juego de Ender (2013): Espectáculo visual y una reflexión incómoda sobre lo que somos capaces de hacer

Cartel oficial de El Juego de Ender (2013) con Harrison Ford, Asa Butterfield, Ben Kingsley y el resto del reparto

Salí del cine en V.O. y me fui a casa en el autobús con la cabeza dándole vueltas a lo que acababa de ver. No porque la película fuera extraordinaria, que no lo es, sino porque el fondo de la historia toca algo que incomoda de verdad: la capacidad del ser humano de hacer lo peor posible cuando está convencido de que lo hace por el bien de todos. Eso no se olvida fácilmente, aunque la película que lo envuelve tenga sus problemas.


Una historia de niños entrenados para la guerra.-


El Juego de Ender arranca con una premisa que mezcla ciencia ficción espacial con algo más parecido a un bildungsroman, una historia de formación. La Tierra ha sobrevivido a dos invasiones alienígenas y se prepara para una tercera. La estrategia de la humanidad pasa por identificar y entrenar desde niños a los mejores candidatos para liderar el contraataque. Andrew "Ender" Wiggin es el elegido: brillante, empático, capaz de pensar como el enemigo. Lo que nadie le dice es el precio real que va a pagar por esa brillantez.

Harrison Ford como el coronel Graff cumple con solvencia aunque sin estar en su mejor momento, algo que se nota. Ben Kingsley como el legendario Mazer Rackham, en cambio, aparece poco pero siempre con esa presencia que lo convierte en inolvidable en cualquier papel que toca.

Los cadetes del programa de entrenamiento militar formados en la estación Battle School en El Juego de Ender (2013)

Visualmente impecable, narrativamente irregular.-


Los efectos visuales son un alarde de animación que en 2013 resultan genuinamente impresionantes. Las batallas en gravedad cero, la sala de entrenamiento, los simulacros espaciales, todo tiene una factura visual de primer nivel que justifica por sí sola el visionado en pantalla grande. Es de esas películas que ganan mucho en cine y pierden algo cuando las ves en casa.

El problema no está en lo que se ve, sino en lo que se cuenta entre medias. La película tiene demasiada filosofía para lo que promete su envoltorio. Viene anunciada como una aventura espacial de acción y resulta ser, en su mayor parte, una historia de superación personal, liderazgo y ética militar. Eso no tiene por qué ser malo, pero genera una sensación de anticlímax que va acompañando al espectador durante casi todo el metraje. Si buscas batallas intergalácticas como las de Pacific Rim, vas a quedarte con las ganas. Si te dejas llevar por lo que la historia realmente quiere contar, la experiencia es bastante más interesante.

Asa Butterfield como Ender Wiggin en una sala de mandos durante su entrenamiento en El Juego de Ender (2013)

Lo que la película dice sin decirlo.-


Aquí viene lo que me hizo pensar en el autobús de vuelta, y prefiero no entrar en detalles para no destripar nada. El ser humano es perfectamente capaz de hacer lo que sucede al final de esta película. Casi lo hicimos de verdad en el pasado. Somos capaces de lo peor y de lo mejor en un solo acto, a veces sin distinguir uno del otro. Esa reflexión, que la película planta sin desarrollarla del todo, es el poso que queda cuando se apagan los efectos visuales.

En ese sentido, El Juego de Ender comparte territorio con otras películas de ciencia ficción que usan el género como coartada para hablar de cosas más incómodas. Si eso te interesa, Autómata trabaja una veta parecida desde un ángulo diferente, con menos espectáculo y más silencio.

Asa Butterfield como Ender junto a Abigail Breslin como su hermana Valentine en El Juego de Ender (2013)

¿Ciencia ficción o drama disfrazado?.-


La pregunta que me hice al salir, y que sigo sin tener del todo resuelta, es si este tipo de películas se tuercen al intentar ser demasiado trascendentes. ¿No sería más honesto quedarse en el género del drama si lo que quieres contar es una historia de superación personal y dilemas éticos? ¿O la ciencia ficción tiene la capacidad de contenerlo todo sin que nada sobre?

No tengo una respuesta clara. Lo que sí tengo es ganas de leer la saga de Orson Scott Card, porque la novela tiene fama de ir bastante más lejos en todo lo que la película apenas esboza. Y eso, que una película te deje con ganas de leer el libro del que viene, tampoco está mal.

El Juego de Ender no formará parte de mis favoritas del género, pero tiene suficiente sustancia como para volver a verla en el futuro y disfrutar de sus efectos visuales mientras le das otra oportunidad a su fondo.

¿Tú también sentiste ese anticlímax del que hablo, o la película te llegó de otra manera? Me gustaría leer tu opinión en los comentarios.



Valoración #JaviFlim: 6,0


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