
Hay un tipo de terror que no necesita monstruos ni efectos especiales para hacerte daño. Le basta con mostrarte hasta dónde puede llegar una familia cuando la tradición pesa más que cualquier otra cosa. Somos lo que somos es esa clase de película: sin sangre a borbotones, sin sustos baratos, con una incomodidad que te va creciendo por dentro y que no desaparece fácilmente al apagar la pantalla.
Un remake que prefiere no serlo.-
La película es un remake de "Somos lo que hay" (2010), del mexicano Jorge Michel Grau, que tuvo muy buena acogida en su momento y que yo no he visto, así que no puedo hacer comparaciones. Lo que sí he leído es que la versión americana se acerca más a una reconceptualización que a un remake al uso, y eso me alegra. Los usamericanos tienen la costumbre de ver algo bueno y apropiarse de ello cambiando lo mínimo posible, que nos lo digan con [•REC], por ejemplo. Que en este caso hayan decidido repensar el material original en lugar de fusilarlo es una buena noticia.
La tradición como jaula.-
La familia Parker vive apartada, con sus propias reglas, sus propias costumbres y una fe religiosa que lo impregna todo. Esas tradiciones pesan muchísimo y deben mantenerse contra viento y marea, independientemente de lo que cuesten. Eso es todo lo que necesitas saber del argumento para entrar en la película sin que te destripe nada, porque los giros de guion son parte fundamental de la experiencia y conviene llegar sin demasiadas pistas.
Lo que sí puedo decirte es que la película logra algo difícil: hacerte partícipe de un terror nauseabundo sin necesidad de mostrarte apenas sangre. El horror aquí no está en lo que ves, sino en lo que imaginas. En lo que das por hecho. En ese momento en el que entiendes de qué va realmente la historia y te das cuenta de que algo en tu estómago se ha revuelto sin que nadie te haya mostrado nada explícito.

Bien interpretada, bien construida.-
Las interpretaciones son sólidas en general. Hay un trabajo de contención notable en los protagonistas adultos, que transmiten esa mezcla de convicción y sometimiento que define a los personajes. El niño pequeño tiene alguna escena en la que se le nota que mira al equipo técnico que tiene delante, lo cual rompe un poco la magia, pero es el único lunar en un conjunto bien construido. Encontrar buenas interpretaciones infantiles es siempre una lotería.
La fotografía y la ambientación acompañan con acierto, creando esa atmósfera opresiva y rural que la historia necesita. La música también cumple su papel sin estridencias. Todo el conjunto funciona como un organismo bien calibrado, de más a menos a más, sujetándote en la butaca hasta el final con esos giros de guion que te desconciertan justo cuando crees que ya tienes todo controlado.
Si el terror psicológico de ambiente rural y tradiciones oscuras te interesa, en Las Brujas de Zugarramurdi encontrarás un tratamiento completamente diferente del mismo territorio, con mucho más humor y muchísima más sangre visible. Y si lo que buscas es el terror que incomoda sin mostrar, que trabaja en lo que no se ve, Tusk comparte esa misma filosofía de horror psicológico que te revuelve por dentro.
Somos lo que somos no es una película para todo el mundo, y precisamente por eso merece que le des una oportunidad. El terror que más dura no es el que da miedo, es el que genera asco y perplejidad ante lo que el ser humano es capaz de normalizar.
¿Aguantas el tipo con el terror que no muestra pero insinúa? Cuéntame en los comentarios.
Valoración #JaviFlim: 6,0

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